Marca personal: un taller para mirar hacia dentro y proyectar hacia fuera

El proyecto InCuba Empresas del Centro Loyola Reina acogió un espacio que reunió a rostros conocidos y nuevos participantes, todos deseosos de comprender —o redescubrir— el poder de su presencia pública.

Fue un encuentro que no solo desmontó mitos sobre qué significa tener una marca personal, sino que también invitó a reconocer cómo cada gesto, palabra y acción deja una huella en la manera en que otros nos perciben.

El objetivo de este taller no fue construir personajes, sino despertar conciencia: todos tenemos una marca personal, pero no siempre la gestionamos de manera intencional.

Un comienzo desde las percepciones

La sesión inició con una provocación necesaria:
¿Por qué estoy aquí? ¿Qué han construido de mí quienes me conocen… y quienes no?

Las respuestas abrieron el camino hacia un tema que a veces incomoda, pero siempre revela: la visión que los demás tienen de nosotros.

El taller recordó que la marca personal no se “crea” desde cero: ya existe. Lo que faltaba era mirarla de frente, entenderla y aprender a dirigirla con coherencia.

La dinámica del papelógrafo: cinco ángulos para mirarse

La parte más viva y participativa del taller llegó con un ejercicio de autoconocimiento:

  1. Cómo me percibo yo
    Fortalezas, valores, estilo, lo que deseo proyectar.
  2. Cómo me perciben otros
    Comentarios frecuentes, primeras impresiones, etiquetas que se repiten.
  3. Evidencias: cuando el trabajo habla por nosotros
    Proyectos, logros, resultados.
  4. Presencia digital
    Plataformas, tono, coherencia visual y narrativa.
  5. Propósito y dirección
    Qué quiero construir, qué deseo que digan de mí, cómo quiero que me recuerden.

El ejercicio reveló que una marca personal no nace de una foto bonita, un logo ni de un video viral: nace de la intención y se sostiene con coherencia.

De la intuición a la estrategia

La conversación giró hacia lo que convierte la marca personal en una herramienta real de crecimiento: el enfoque.

  • El valor de expresar una opinión propia en un entorno donde muchos replican sin pensar.
  • La autoridad no se proclama; se demuestra.
  • La lealtad no se construye hacia una plataforma, sino hacia la persona y su autenticidad.

Un espacio para reconocerse

El cierre del taller no fue una despedida, sino una invitación a construir con intención y coherencia.

Quedó claro que la marca personal no es un ejercicio de marketing, sino un proceso humano.
Un camino abierto para gestionar conscientemente la huella que dejamos en redes, en nuestro trabajo y en la vida cotidiana.

Nos despedimos con un deseo compartido: ser recordados por nuestro propósito, por nuestro valor y por nuestra manera única de aportar

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