Con sensibilidad y compromiso, los Centros Loyola han extendido su misión al servicio de los adultos mayores en Cuba, brindándoles espacios de encuentro, formación y cuidado en medio de una realidad que reclama cercanía y esperanza.
A continuación, nos hacemos eco del artículo de la Oficina de Comunicaciones de la Provincia Jesuita del Caribe.
Una de las Preferencias Apostólicas Universales promulgada por el Padre General en 2019, invita al cuerpo apostólico de la Compañía de Jesús a “caminar junto a los excluidos, los descartados y los vulnerados en su dignidad en una misión de reconciliación y justicia”. Luego de discernir sobre la implementación de esta Preferencia, y evaluando la más reciente ola de crisis migratoria que vive Cuba desde 2022, los jesuitas presentes en la mayor de las Antillas colocaron el acompañamiento a los ancianos y adultos mayores entre sus prioridades apostólicas, reconociendo en ellos a uno de los grupos más vulnerables de esta realidad.

Al acompañar los contextos de precariedad, soledad y abandono, la Provincia del Caribe de la Compañía de Jesús que hace su labor en Cuba, reconoció en estas personas el rostro más visible de la exclusión. En especial a raíz de la migración de una de las principales fuentes de trabajo y sostén económico de las familias: los jóvenes. Jesuitas y colaboradores vieron con claridad que los adultos mayores debían ser una prioridad en la misión, y que debía crecer el compromiso en asistirlos en sus múltiples necesidades, incluyendo las materiales.
Mirar con suficiente misericordia sus realidades, equivale a reconocer en ellos a una mayoría que pasó buena parte de sus vidas trabajando y contribuyendo socialmente, pero que una vez llegada la etapa en que sus capacidades de producción se ven disminuidas, van quedando solos, desamparados, y manifiestan no sentir esperanza.
Por otra parte, la población cubana envejece rápidamente. De acuerdo con informes de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), en 2022 cerca del 22,3% de la población tenía 60 años o más, lo que sitúa a Cuba como el país más envejecido del continente latinoamericano. Este fenómeno responde a una combinación de baja fecundidad, alta esperanza de vida y elevada migración externa. Aunque no se han publicado datos más recientes, se estima que en la actualidad el porcentaje de población adulta es mayor.
En paralelo, la pensión mínima rondaba los 1.528 pesos hasta septiembre de 2025, y aunque se prevé un aumento de hasta 3.056 pesos, sigue siendo insuficiente. La eliminación de subsidios, el desabastecimiento y la inflación agravan aún más la situación. A esto se suma la ausencia de políticas públicas robustas para proteger a esta población: no hay subsidios efectivos para alimentos, medicamentos, servicios básicos ni acceso garantizado a actividades culturales o de esparcimiento. En este escenario, también nos encontramos conque la mayoría de la población envejeciente está constituida por mujeres, con mayor esperanza de vida, pero menor calidad. En su mayoría, las mujeres aparecen sobrerrepresentadas como cuidadoras, lo que implica sobrecarga física y emocional, especialmente para las que superan los 50 años. Esta feminización de la vejez y del cuidado, acentúa las desigualdades de género en contextos de precariedad.
Ante la creciente y dolorosa realidad de cientos de personas mayores en situación de vulnerabilidad que acuden a las parroquias gestionadas por los jesuitas, la Compañía de Jesús en la Provincia del Caribe ha puesto en marcha un servicio de atención destinado a este sector poblacional, con el objetivo de brindar acompañamiento humano y alivio a sus necesidades más básicas. El P. Danny Roque, SJ, Director de la Red de Centros Loyola de Cuba comenta: “Sobre el año 2021, cuando surgió el contexto del cambio de la política monetaria, observamos que, aún con el aumento de las pensiones, representaba muy poco dinero para el costo real que empezaron a tener, principalmente, los alimentos. Entonces tomamos la decisión de apoyar de una manera más clara, y asumir como parte de nuestra misión en Cuba no solamente la acción caritativa hacia los adultos mayores, sino también su promoción social. Se procuró que este discernimiento fuera transversal a todo el trabajo de la Compañía de Jesús en Cuba, que se realiza principalmente en parroquias y Centros Loyola.”

Centros Loyola: de la impronta educativa a la promoción de los adultos mayores
Los Centros Loyola son reconocidos en Cuba principalmente por su labor educativa. Surgieron a mediados de 2013 en La Habana como espacios de formación complementaria a la docencia, para ayudar a padres y madres que no podían pagar clases de refuerzo educativo para sus hijos. Con los años evolucionaron en espacios socioeducativos que, a través de la educación y la acción social, procuran la promoción integral del ser humano, con especial énfasis en los más vulnerables.
Para ofrecer un mejor servicio, cada centro se organiza bajo dos grandes áreas de trabajo que se imbrican la una con la otra: el área educativa, con cuatro programas, y la de acción social, con nueve. Entre todos, ofrecen un total de 74 tipos de cursos, talleres y actividades que van desde el refuerzo escolar y la formación artística o de oficios, hasta el apoyo asistencial, la promoción de valores, la reflexión sobre temas de ciudadanía, la formación para el emprendimiento, el acompañamiento psicológico y espiritual, el diálogo fe y cultura o el cuidado del medio ambiente.
Al desafío de educar a niños, niñas y adolescentes en Cuba, se une el creciente número de cursos e iniciativas para los adultos mayores. Para ellos se ofrecen talleres de muñequería, informática, inglés, taichí y salud mental.
Entre los cursos más demandados en contextos citadinos se encuentra, por ejemplo, el de Telefonía Móvil; siendo que una buena cantidad de ancianos aprenden a utilizar las aplicaciones de sus móviles, necesarias para administrar sus pensiones, pagar servicios y comunicarse con su familia por WhatsApp. Una ventana que alivia lo que significa quedarse solo en un país siendo anciano.

“Ya sé pagar en línea, realizar transferencias y enviar mensajes de voz”, dice llena de alegría Margarita. Susana, por su parte, añade: “Descubrí YouTube y ahora obtengo con facilidad información sobre los medicamentos. También aprendí a hacer videollamadas para conversar con mi hijo.” Para muchas personas, estas habilidades son parte de la vida cotidiana, ya que la mayoría de las actividades diarias incluyen, de un modo u otro, la interacción con dispositivos de comunicación o redes sociales. Sin embargo, Margarita y Susana tienen 79 y 75 años respectivamente.
Asimismo, son ampliamente solicitados por esta población los espacios creados para proveer de materiales para el emprendimiento. Cuenta el P. Roque que “a través de los Centros, se les trata de insertar en cadenas de producción y comercialización, de manera que puedan obtener beneficios de sus trabajos. No es que hagan productos finales, ni que vivan totalmente de ello, pero sí elaboran partes de mercancías que luego comercializan y pueden aumentar sus ingresos.”
Los programas llegan también a adultos mayores que se encuentran en contextos rurales, donde trabajan con población campesina que no forma parte de los sistemas estatales de control de la producción; a quienes asesoran en la elaboración y venta de conservación de alimentos, condimentos, posturas de diversos cultivos y plantas ornamentales. Actividades que no solo les reportan un beneficio económico extra, sino que también influyen en su empoderamiento.
Para su trabajo en Cuba, los Centros Loyola cuentan con el apoyo de agencias de colaboración como Jesuitenweltweitde Alemania, Jesuitenweltweitde Austria, MISEREOR, Kindermissionwerk, Manos Unidas, ENTRECULTURAS, Ayuda Más, Kerk in Actie de Países Bajos, Brot für die Welt de Alemania, Fondation OSEJTM y American Jesuits Internationalde Estados Unidos. Sin el aporte de estas organizaciones, sería inviable el sostenimiento de los espacios.

Caridad y Cuidado integral, una opción por Cuba
Desde hace alrededor de cinco años las obras de la Compañía de Jesús en Cuba trabajan con los ancianos directa o indirectamente. En el actual panorama de crisis que vive la Isla, han proliferado los servicios de comedores para adultos mayores, presentes con menor o mayor impacto en la mayoría de las iglesias locales. Los jesuitas también se han sumado a esta iniciativa asistencial. Se ofrecen al menos dos desayunos semanales en varias parroquias, cubriendo así una parte de la alimentación de quienes padecen hambre o viven en condiciones precarias. Igualmente, gracias al compromiso de las comunidades parroquiales, las donaciones particulares y la colaboración de los feligreses, en algunas localidades este servicio ha podido ampliarse para incluir también un almuerzo semanal adicional.
Algunos testimonios de los beneficiarios dan cuenta de que los comedores, además de ofrecer alimentos, brindan un servicio de escucha y acompañamiento que incide en la autoestima de quienes lo reciben. Marlene, quien ha participado de varios de los cursos del Centro Loyola Reina y asiste al servicio de comedor de la Parroquia Sagrado Corazón, asegura: “Es una bendición grandísima. No tenía familia, ni a nadie. Aquí me siento acompañada y hasta me preparé para recibir los sacramentos.” Por su parte, Caridad refiere: “Me gusta la comida del comedor, y además me ayuda mucho, porque yo estoy sola. No tengo más apoyo. Vengo con mucho amor a participar.”

Además del apoyo alimentario que se ofrece en las parroquias, la Compañía de Jesús, a través de los Centros Loyola, busca fortalecer la dignidad y el bienestar integral de las personas mayores mediante acciones de promoción humana. El P. Roque añade que “en los comedores reciben generalmente almuerzos ya elaborados, o raciones de alimentos para que puedan prepararlos en sus casas. Paralelamente, se les brinda asistencia especializada, que incluye intercambio con psicólogos, apoyo emocional, espacios de esparcimiento e intercambio, actividades recreativas, terapéuticas y culturales.” En algunos de estos lugares, además, existen grupos de estudiantes de peluquería, barbería y manicure vinculados a los Centros Loyola, que al menos una vez al mes realizan jornadas de servicios estéticos gratuitos para ellos. Los programas incluyen asimismo charlas con especialistas en geriatría, espacios de recreación y tiempo de ocio, visitas a lugares de interés patrimonial o artístico, atención sanitaria básica y entrega de medicamentos, especialmente para quienes presentan enfermedades crónicas y requieren tratamiento continuo.


Uno de los programas más reconocidos de los Centros lleva por nombre “Otoño”. Perteneciente al Centro Loyola Reina, ubicado en la capital del país, recientemente aperturó una amplia variedad de talleres, realizando una inscripción sin límite de cupos para los mismos. ¿El resultado? Más de 90 personas de barrios cercanos fueron a inscribirse solo el primer día. Hoy la cifra supera los 200. Entre la diversidad de opciones, destacan los talleres de autocuidado, pilates, informática básica, inglés, telefonía móvil, psicología positiva, tejido, muñequería, manualidades, masajes, taichí, relajación y entrenamiento cognitivo. Además de talleres complementarios de teatro, canto, escritura creativa y cultivo de la espiritualidad. Opciones que aspiran a crecer y diversificarse teniendo en cuenta el impacto creciente que logran en la vida de los adultos mayores.
Damos gracias a Dios porque propicia los medios para que los jesuitas del Caribe puedan seguir acompañando a los más vulnerables. La alegría en los rostros de las personas, que se sienten consoladas y alentadas aún en medio de la convulsa realidad que viven, confirma que la opción hecha por los jesuitas y sus colaboradores en la misión en Cuba, proviene de una mirada amorosa al pueblo cubano, con el que comparten Evangelio y desafíos cotidianos.
Tomado de : jesuits.global
Por la Oficina de Comunicaciones de la Provincia Jesuita del Caribe
Visitas: 21