Cierre de talleres Proyecto Otoño en Loyola: una mañana para celebrar la vida
El pasado 30 de junio, el Centro Loyola Reina se llenó de vida, música y emociones con el cierre de talleres del Proyecto Otoño, una iniciativa que, más allá de enseñar, acompaña, dignifica y celebra el arte de envejecer con sentido.

Desde temprano, el espacio se llenó de movimiento. Alrededor de 150 personas —entre usuarios, familiares, colaboradores y visitantes— se dieron cita para compartir una jornada marcada por la creatividad, la resiliencia y el encuentro. A pesar del calor intenso y de los desafíos cotidianos, como las interrupciones eléctricas, nada logró opacar el entusiasmo de quienes hicieron de este día una verdadera fiesta de la vida.
Expoferia del Proyecto Otoño: el talento que florece
La jornada comenzó con la Expoferia, un recorrido vivo por los resultados de los talleres que han acompañado a los adultos mayores durante meses. Cada stand era una historia, un proceso, una conquista.

Allí estuvieron presentes propuestas como el taller Beatles, Otoño y rock and roll; “De la maceta a la mesa”, impulsado junto a Aula Viva y la red agroecológica; así como espacios de informática, entrenamiento cognitivo y escritura creativa, donde los textos expuestos hablaban de memoria, identidad y emociones.

El espíritu emprendedor también tuvo un lugar especial. La tienda Otoño, con sus tejedoras y creadoras de manualidades, compartió protagonismo con iniciativas como Daisy Shop, Heidi Accesorios, Mi rincón creativo, Arte Elda, Maricosa a dos manos y otras experiencias nacidas del taller “El arte de emprender oportunidades en la adultez”. Cada producto expuesto era testimonio de autonomía, creatividad y deseo de seguir aportando.


Cultura y protagonismo en el cierre de talleres Proyecto Otoño en Loyola
Si la expoferia mostró los resultados, el momento cultural reveló el alma del Proyecto Otoño. Más de 30 adultos mayores fueron protagonistas de un programa construido por ellos y para ellos.
La apertura, con una vibrante danza flamenca desde el taller de bailoterapia, marcó el tono de la jornada: energía, ritmo y pasión. A partir de ahí, el escenario se convirtió en un espacio de expresión total.

El teatro, con obras como La cola y La madre del año, arrancó risas, reflexiones y aplausos. La música también tuvo su lugar especial, con la participación de artistas aficionados del propio proyecto: el dúo de Daisy y Lázaro, cuya complicidad traspasó el escenario, y Silvita, siempre esperada y celebrada por todos.

Hubo espacio para la palabra y la introspección con el taller de psicología positiva, la fuerza poética de los declamadores de escritura creativa y la serenidad del tai chi, que invitó a conectar con el cuerpo y la calma.

Memoria, comunidad y esperanza
Uno de los momentos más emotivos fue la celebración de los cumpleaños colectivos. Entre aplausos y sonrisas, se reafirmó que cada año vivido es motivo de gratitud.
También hubo espacio para la memoria. Desde la sensibilidad compartida, se evocó a quienes ya no están físicamente, pero permanecen en la historia viva del proyecto. Sus nombres, recordados con cariño, siguen siendo parte de esta comunidad que no olvida.
Y en medio de todo, historias que inspiran. Como la de Artemio, quien, pese a haber sufrido recientemente un accidente cerebrovascular, decidió estar presente. Con humor y determinación, aseguró que no se perdería la actividad, recordándonos que el espíritu siempre encuentra la manera de estar.

Las palabras finales no marcaron un adiós, sino una continuidad. Durante el mes de julio se desarrollarán los talleres de verano, y en septiembre se abrirán nuevas matrículas para el próximo ciclo formativo. El cierre de talleres del Proyecto Otoño en Loyola, celebrado este 30 de junio, fue la confirmación de que nunca es tarde para aprender, crear y compartir. Porque en Loyola, el otoño no es el final, sino una forma distinta, serena y luminosa de florecer.

Visitas: 32