El amor en la adultez: un otoño de reflexión y creación
El amor en la adultez fue el centro de una jornada especial en el Centro Loyola Reina, donde un grupo de adultos mayores se reunió para explorar cómo se vive este sentimiento en la tercera edad. La actividad combinó reflexión, diálogo y manualidades, creando un espacio en el que la experiencia de vida se entrelazó con la creatividad y la expresión personal.

¿Cómo se vive el amor en la adultez?
La jornada, marcada por el espíritu otoñal, se convirtió en un espacio donde los participantes pudieron conversar sobre los diferentes tipos de amor y su importancia en la tercera edad.
Se habló de cómo el amor en la adultez cambia, madura y se vive de otra manera, pero sigue siendo una fuerza esencial para el bienestar emocional y la vida cotidiana.
El amor en sus múltiples formas
Los participantes compartieron sus vivencias en torno al amor familiar, la amistad y el amor propio.
Cada relato fue un recordatorio de que el amor no se limita a la pareja, sino que se expande hacia los hijos, los nietos, los amigos y, sobre todo, hacia uno mismo.
La riqueza de las intervenciones mostró que, en la adultez, el amor se resignifica y adquiere matices más serenos, pero igualmente intensos.
El énfasis del encuentro estuvo en el amor propio en la tercera edad, un tema que los talleristas abordaron con especial cuidado. Se habló de cómo, en esta etapa de la vida, este tipo de amor se convierte en un pilar fundamental para el bienestar emocional.

Reconocer la propia valía, darse prioridades y aprender a disfrutar de la soledad fueron ideas que resonaron con fuerza entre los asistentes.
“Estar solo no es malo, es necesario para reencontrarse con uno mismo”, fue una de las frases que marcó la reflexión colectiva, al decir de una de las talleristas.
Manualidades con sentido
La actividad práctica consistió en la elaboración de una tarjeta personalizada, donde cada participante escribió aquello que le hace sentir bien y que fortalece su amor propio.
Desde pequeños gestos cotidianos como escuchar música, leer un buen libro o cuidar las plantas, hasta momentos más íntimos como recordar cumpleaños o dedicar tiempo a la oración, las tarjetas se convirtieron en espejos de la identidad y la autoestima de cada persona.

Este ejercicio manual no fue solo un pasatiempo creativo, sino una herramienta pedagógica que permitió materializar las ideas discutidas.
Al plasmar en papel lo que los hace quererse a sí mismos, los adultos mayores dieron un paso hacia la construcción consciente de su bienestar y hacia una forma más sana de vivir el amor en la adultez.
Símbolos que hablan de amor
Durante la jornada también se reflexionó sobre los símbolos del amor.
La casa, por ejemplo, fue interpretada como representación del amor familiar, un espacio donde se tejen recuerdos y se fortalecen vínculos.
Recordar las fechas importantes, como los cumpleaños, fue señalado como una manera sencilla pero poderosa de demostrar afecto y cuidado.
Estos símbolos, cargados de significado, ayudaron a los participantes a visualizar cómo el amor se expresa en lo cotidiano y cómo puede mantenerse vivo en la adultez.
El diálogo giró en torno a la importancia de reconocer lo que nos gusta y de mantener presentes los detalles que nos conectan con los demás, reforzando la idea de que el amor en la adultez se alimenta de gestos concretos y memoria afectiva.
Un otoño de aprendizajes
La actividad de Otoño sobre el amor en la adultez no fue solo un taller, sino una experiencia comunitaria que dejó huellas en quienes participaron.
El clima otoñal, con su aire de transición y madurez, se convirtió en metáfora de la etapa vital que atraviesan los adultos mayores: un tiempo para cosechar lo vivido, valorar lo aprendido y abrirse a nuevas formas de amar.
El encuentro demostró que el amor propio no es un lujo, sino una necesidad.
En la tercera edad, cuidarse, respetarse y darse prioridad es también una manera de cuidar a los demás.
La reflexión sobre la soledad como espacio de crecimiento personal fue especialmente significativa, pues ayudó a resignificar un aspecto que muchas veces se percibe como negativo.
Cultura, comunidad y afecto
Más allá de las manualidades y las reflexiones, la jornada fue un acto cultural en sí mismo.
Reunir a los adultos mayores para hablar del amor es reconocer su papel como portadores de sabiduría y como protagonistas de una etapa de la vida que merece ser celebrada.


La actividad reforzó la idea de que la cultura no solo se transmite a través de canciones o poemas, sino también mediante gestos, símbolos y palabras que inspiran.
En este caso, las tarjetas elaboradas se convirtieron en pequeños recordatorios de que el amor propio y el amor hacia los demás son fuerzas que sostienen la vida comunitaria.
Así, el amor en la adultez se mostró como una combinación de memoria, creatividad y afecto compartido.
El amor, a propósito de febrero
La nota que deja este encuentro es clara: el amor en la adultez es diverso, profundo y necesario.
Se expresa en la familia, en la amistad y, sobre todo, en el cuidado de uno mismo.

La actividad de Otoño permitió que los adultos mayores reflexionaran sobre estas formas de amar y las plasmaran en creaciones manuales que, más allá de su valor estético, tienen un significado emocional y cultural.
Así, entre palabras, símbolos y tarjetas, se reafirmó que el amor propio en la tercera edad es un acto de dignidad y esperanza, y una manera concreta de seguir construyendo vida y comunidad.
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