La ruta ecológica de Casa Común llevó el sábado 26 de septiembre a niños, familias y profesores del Centro Loyola Reina por distintos espacios de La Habana Vieja. La jornada comenzó entre preguntas sobre la vida en la Tierra y terminó junto al Castillo de la Real Fuerza, con embarcaciones a pequeña escala navegando ante la mirada de los participantes.

No era la primera vez que el proyecto salía de sus espacios habituales. Las rutas ecológicas forman parte de su manera de enseñar: visitar lugares que ayuden a los niños a descubrir la naturaleza, comprenderla mejor y conversar sobre la responsabilidad de cuidarla. Esta vez, el recorrido unió ciencia, patrimonio y una merienda compartida.
Una ruta ecológica de Casa Común por la historia natural
El punto de encuentro fue la Plaza de Armas. Desde allí, el grupo entró en el Museo Nacional de Historia Natural, donde cada sala abrió una nueva oportunidad para aprender. Los niños exploraron temas relacionados con el desarrollo de la vida en la Tierra, los volcanes y las diferencias entre animales vertebrados e invertebrados. También se acercaron a los movimientos de rotación y traslación de nuestro planeta para entender fenómenos cotidianos como el día y la noche.

El recorrido permitió conocer especies de distintas regiones geográficas y detenerse en los animales endémicos de Cuba. Para Casa Común, esos contenidos no quedaron como datos aislados: ofrecieron puntos de partida para hablar de la diversidad de la vida y de la importancia de protegerla.


La sala de juegos añadió otra forma de aprender. A través de actividades relacionadas con el cuidado de la naturaleza, los niños pudieron seguir explorando lo visto durante la visita. Así, la salida mantuvo el espíritu del proyecto: aprender con curiosidad, participación y alegría.
Del museo a los barcos del Castillo de la Real Fuerza
Después, la ruta continuó hacia el Castillo de la Real Fuerza. Allí, el grupo participó en la segunda edición de un encuentro de modelismo naval, una propuesta que reunió embarcaciones construidas a escala y actividades para acercar al público a esta práctica.
Los niños observaron modelos inspirados en barcos reales y en embarcaciones conocidas por historias de ficción. Tras contemplar las piezas expuestas, llegó uno de los momentos más esperados: ver navegar algunos modelos en el foso del castillo. Lo que antes habían examinado de cerca cobraba movimiento sobre el agua.

La visita también dio pie a conversar sobre corsarios y piratas y a recorrer los jardines del Castillo de la Real Fuerza. Entre barcos, relatos e historia, el grupo encontró nuevas preguntas para seguir aprendiendo fuera del aula.

Una merienda para cerrar lo vivido
Al final del recorrido, niños, familias y profesores compartieron una merienda. Fue el momento de detenerse y conversar sobre lo que cada cual había descubierto: un animal desconocido, una pregunta sobre la Tierra o la sorpresa de ver navegar una embarcación en miniatura.

La salida recordó que una ruta ecológica puede comenzar en un museo, continuar junto a un castillo y terminar en una conversación familiar. Para Casa Común, cuidar el entorno también empieza así: prestando atención a lo que nos rodea y haciendo espacio para aprenderlo juntos.
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