Proyecto Convivir: INCREÍBLE calor humano en tardes de frío
En estas semanas de invierno, cuando el frío cala con fuerza en las tardes habaneras, el Proyecto Convivir convierte el Centro Loyola Reina en un refugio de abrigo, aprendizaje y esperanza para niños y adolescentes en horario extraescolar. Cada lunes, martes y miércoles, de cinco a seis y media de la tarde, los chicos llegan bien abrigados, pero lo que realmente los mantiene motivados no es solo la ropa de invierno, sino el calor humano que encuentran en cada sala, en cada taller y en cada gesto de quienes los acompañan.

Tardes frías, corazones calientes en Convivir
Aunque la temperatura ha sido un reto en estas últimas dos semanas, con tardes y noches muy frías, las familias y los participantes siguen eligiendo estar aquí. El Proyecto Convivir se adapta al clima: los acogemos en espacios más recogidos, los cuidamos, los abrigamos con abrazos, palabras cercanas y dinámicas pensadas para que el frío de afuera sea menor que la calidez que se vive dentro. Cada llegada, cada risa y cada juego confirman que, cuando hay sentido de comunidad, ninguna ráfaga de aire logra detener el deseo de aprender y compartir.

El Proyecto Convivir y sus talleres
Convivir acompaña a niños y adolescentes de barrios vulnerables, ayudándoles a descubrir sus capacidades y a desarrollar una mirada emprendedora sobre su propia vida. Cada tarde, el Proyecto Convivir propone diferentes talleres: mentoría, escritura creativa, manualidades, computación, inglés y biblioteca para los más pequeños. En estos espacios, ellos exploran habilidades prácticas, descubren talentos, fortalecen la autoestima y se entrenan para tomar decisiones responsables, siempre desde el juego, la creatividad y el trabajo en equipo.


Chocolate caliente, meriendas y afecto compartido
En medio del frío, también hay pequeños gestos que abrigan el cuerpo y el alma. El coordinador Alejandro y su equipo de asistentes se han encargado en estos días de ofrecer, además de una sonrisa y una palabra oportuna, meriendas propias de este tiempo: chocolate caliente, leche con chocolate y dulces o galletas para compartir. Durante la merienda, incluso algunas madres y padres se han sumado con té caliente, creando un momento sencillo pero muy significativo, donde niños, familias y colaboradores comparten la mesa, la charla y ese calor humano que no se apaga ni con la temperatura más baja.

Formar competencias emprendedoras desde la infancia
El Proyecto Convivir se basa en la formación de competencias emprendedoras en niños y adolescentes y ya va por su tercera edición, con resultados muy positivos. A través de unidades formativas y talleres, los participantes diseñan sus propios proyectos individuales y grupales, vinculando habilidades prácticas con responsabilidad social comunitaria. No se trata solo de aprender contenidos, sino de asumir una actitud emprendedora ante la vida: ser proactivos, creativos, capaces de transformar su realidad personal y el entorno donde viven. Convivir les ofrece herramientas para crecer, soñar en grande y atreverse a dar pasos concretos hacia esos sueños.
Familias que aprenden y acompañan el proceso
El impacto de Convivir no se queda en los niños; también llega a sus hogares. Los últimos miércoles de cada mes, padres, madres y adultos responsables participan en espacios de formación pensados especialmente para ellos. En estas sesiones, se abordan temas que los niños están trabajando en los talleres, de manera que las familias puedan acompañar mejor sus procesos, comprender lo que están aprendiendo y reforzarlo en casa. En el último encuentro de enero, también los adultos recibieron un té o café caliente, compartieron inquietudes, sonrisas e historias de vida, fortaleciendo la red de apoyo que sostiene el Proyecto Convivir.
Al final de cada tarde fría, cuando los salones se van quedando en silencio, queda la certeza de que el verdadero abrigo no fue solo la bufanda o el chocolate caliente, sino la experiencia de sentirse acompañados, escuchados y valorados. En el Proyecto Convivir, el invierno se vive como una oportunidad para confirmar que, cuando hay comunidad, la calidez humana siempre gana.


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