En el Proyecto Convivir del Centro Loyola, cada clase de inglés se convierte en mucho más que una lección académica. Es un espacio donde la esperanza, la creatividad y la perseverancia iluminan incluso los días más difíciles. En medio de apagones y desafíos cotidianos, niños, adolescentes y familias siguen apostando por el aprendizaje como camino hacia un futuro mejor.

Lo más conmovedor no es solo el deseo de aprender inglés, sino la fuerza humana que sostiene cada encuentro. Padres comprometidos, estudiantes motivados y mentores cercanos forman una comunidad que demuestra que la educación puede mantenerse viva aun cuando faltan muchas cosas materiales.
La esperanza que mantiene vivo el aprendizaje
En Cuba, la realidad cotidiana pone pruebas constantes. Los apagones llegan sin previo aviso y cambian el ritmo de los hogares, pero en Convivir sucede algo extraordinario: las ganas de aprender no se detienen. Los muchachos llegan a clases incluso en medio de la incertidumbre eléctrica, y muchas veces lo hacen con más entusiasmo que nunca.
Las familias juegan un papel esencial. Cada padre o madre que acompaña a su hijo está defendiendo algo más grande que una simple clase: está apostando por un sueño, por oportunidades futuras y por la posibilidad de crecer a pesar de las dificultades.
Clases de inglés que vencen los apagones
El proyecto reúne distintos grupos en horarios diferentes, pero todos comparten una misma energía. Los adolescentes y jóvenes participan los martes por la tarde, llenando el aula de preguntas, ideas y una curiosidad contagiosa. Los grupos de primer y segundo ciclo asisten los miércoles, aportando espontaneidad, alegría y entusiasmo.

Aunque cada grupo tiene su propia dinámica, todos mantienen viva una misma llama: el deseo genuino de aprender y avanzar. Las clases de inglés se transforman así en espacios donde la oscuridad de los apagones pierde fuerza frente a la motivación colectiva.
El papel de las familias en el Proyecto Convivir
Detrás de cada estudiante existe una familia que sostiene, anima y acompaña. Muchos padres hacen esfuerzos enormes para garantizar la asistencia de sus hijos a las actividades del programa, convencidos de que la educación sigue siendo una herramienta poderosa para transformar vidas.
Ese acompañamiento crea un ambiente de confianza y pertenencia. Los jóvenes sienten que no están solos y descubren que sus sueños importan tanto dentro como fuera del aula.
Haydenis: enseñar con creatividad y vocación
La profesora Haydenis Manresa representa el corazón pedagógico de esta experiencia. Con sensibilidad, ingenio y entrega, logra convertir cada obstáculo en una oportunidad para seguir enseñando.
Cuando falta la electricidad, un televisor sencillo puede convertirse en recurso principal. Cuando escasean los materiales, aparecen las dinámicas, los diálogos y las actividades creativas. Las clases fluyen de manera natural, adaptándose al contexto real de los estudiantes y manteniendo siempre viva la motivación.

Más que impartir contenidos, Haydenis crea un espacio donde aprender también significa sentirse escuchado, valorado y capaz.
Mucho más que aprender inglés
Convivir no enseña únicamente vocabulario o gramática. Cada encuentro fortalece habilidades esenciales como el trabajo en equipo, la confianza personal, la gestión emocional y la creatividad.
En medio de canciones, conversaciones y pequeñas victorias cotidianas, los jóvenes descubren capacidades que muchas veces no sabían que tenían. Aprenden a expresarse, a colaborar y a creer en sí mismos.
Esa formación humana termina siendo uno de los mayores tesoros del proyecto.
Jóvenes que descubren un futuro posible
Incluso cuando enfermedades como el dengue o el chikungunya obligan a algunos estudiantes a quedarse en casa, el deseo de continuar aprendiendo permanece intacto. Los jóvenes entienden que este espacio representa una oportunidad valiosa para crecer y encontrar nuevas posibilidades para sus vidas.
La presencia constante de mentores y educadores fortalece todavía más ese camino. Ellos acompañan, escuchan y motivan, ayudando a construir un ambiente donde cada estudiante siente que puede avanzar sin miedo.
En estas aulas, donde muchas veces basta un televisor para abrir una ventana al mundo, los jóvenes descubren que el futuro no necesita electricidad para encenderse. Necesita decisión, esperanza y personas dispuestas a seguir soñando.
“Todo gran cambio comienza cuando alguien se atreve a soñar.”
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