La fiesta de San Ignacio como cierre de la Jornada Vivir Loyola.
Con mucha alegría, la Jornada Vivir Loyola encontró su cierre natural en la Eucaristía San Ignacio Centro Loyola Reina, celebrada en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús Reina, en el mismo complejo donde late el Centro. La liturgia fue el marco perfecto para unir la espiritualidad ignaciana con la misión educativa y social que ha animado estos días de encuentro, gratitud y celebración.

En esta celebración, la comunidad no solo recordó al fundador de la Compañía de Jesús, sino que también renovó su deseo de vivir con un corazón disponible, capaz de discernir y elegir lo que acerca a Dios y al servicio de los demás.
Mons. Eloy Ricardo Domínguez y el legado del discernimiento.
La Eucaristía fue presidida por Mons. Eloy Ricardo Domínguez, quien recordó que el gran legado de San Ignacio de Loyola para la Iglesia es el discernimiento: aprender a elegir aquello que nos acerca a Dios y nos ayuda a amar y servir mejor. En un mundo marcado por tantas voces y opciones, el obispo invitó a la comunidad a detenerse, escuchar y preguntarse: “¿Esto me acerca a Dios? ¿Esto me hace más libre para amar?”

Precisamente en esto el Centro Loyola Reina intenta ayudar a todo su entorno: a conocer nuevos horizontes, a abrir la mirada y a aprender a discernir mejor. Cada taller, cada proyecto, cada espacio de acompañamiento psicoespiritual busca hacer propia la frase ignaciana que inspira la misión del Centro: “Amar y servir en todo momento”. La Eucaristía fue, en ese sentido, un recordatorio de que toda la actividad del Centro no es solo trabajo social o educativo, sino un modo concreto de vivir la espiritualidad de Ignacio en la vida cotidiana.
Confirmación: tres personas que dicen “sí” con toda la vida.
Durante la celebración, tres miembros de la comunidad recibieron el Sacramento de la Confirmación: Maritza Zapata, Ariadis Toledo y Pablo Martínez. Su presencia ante el altar, junto al obispo, fue motivo de gran alegría para toda la comunidad parroquial y del Centro Loyola Reina.

En un contexto donde tantos buscan sentido y dirección, Maritza, Ariadis y Pablo dieron un paso más en su camino de fe, diciendo “sí” a la acción del Espíritu Santo en sus vidas. Su confirmación se convierte en un signo de esperanza para el Centro: recordatorio de que la misión educativa y social del Loyola no solo forma en competencias, sino también en fe, en conciencia y en compromiso con Dios y con los demás.
Agradecimiento al P. Juan de Jesús Jiménez y acogida al nuevo párroco.
La Eucaristía fue también un momento de agradecimiento y acogida. La comunidad dio gracias por el servicio del P. Juan de Jesús Jiménez, S.J., quien ha acompañado la vida parroquial y del Centro con cercanía, dedicación y entrega. Su presencia en la celebración fue un recordatorio de que toda misión se vive en continuidad, de la mano de quienes han sembrado con paciencia y amor.


Al mismo tiempo, la comunidad acogió con esperanza al P. David Sánchez, S.J., nuevo párroco de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús Reina, acompañado por el P. Juan C. Pupo, S.J.. En un tiempo de cambios y nuevos horizontes, la llegada del P. David es vista como una nueva oportunidad para seguir caminando juntos, con la mirada puesta en el mismo Señor y en el mismo carisma ignaciano.
Una comunidad que descubre a Dios en todas las cosas.
Con la Eucaristía, la Jornada Vivir Loyola cerró no como un final, sino como un nuevo comienzo. La feria, los actos culturales, las presentaciones de proyectos y ahora esta celebración eucarística fueron hilos de una misma trama: la de una comunidad que quiere aprender a descubrir a Dios en todas las cosas, como soñaba San Ignacio.

Al salir del templo, muchos seguían comentando los stands, las presentaciones, los rostros de los confirmandos, las palabras del obispo y la presencia de los nuevos sacerdotes. En el aire quedaba una sensación profunda: la de haber vivido unos días intensos, donde la fe, la educación, la cultura y el servicio se habían dado la mano.
San Ignacio, intercesor de un Centro que quiere amar y servir.
La celebración concluyó con la certeza de que San Ignacio intercede por esta comunidad y por cada persona que camina junto al Centro Loyola Reina. Su espiritualidad no es un recuerdo del pasado, sino una brújula para el presente: un llamado a discernir, a elegir bien, a vivir con el corazón disponible. Que San Ignacio enseñe a todos los que forman parte del Centro —usuarios, colaboradores, familias, sacerdotes— a descubrir a Dios en lo cotidiano, en los proyectos, en los talleres, en los encuentros, en los momentos de dificultad y de alegría. Y sobre todo, que ayude a vivir con un corazón siempre dispuesto a amar y servir, en la escuela, en la comunidad, en la parroquia y en la ciudad.
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