Comunicación y comunidad en Mujeres de Hoy
En tiempos donde la polarización y la violencia verbal parecen ganar terreno en la vida pública, hablar de comunicación se vuelve urgente. No solo en los medios, también en los momentos cotidianos donde las personas buscan escucharse y convivir.
El proyecto Mujeres de Hoy, en su espacio Renacer, dedicó su más reciente encuentro a este tema esencial: cómo comunicarnos mejor, cómo transformar palabras en puentes y no en muros.

La sesión, acogida por la biblioteca del Centro Loyola Reina, fue un laboratorio vivo de dinámicas, reflexiones y aprendizajes que invitan a pensar en los retos actuales de la sociedad cubana.
Encontrar similitudes entre nosotras
El encuentro comenzó con un entorno de bienvenida cálido.
Una de la facilitadoras del encuentro las invitó a “encontrar similitudes entre nosotras”. Las participantes ya dispuestas en un círculo, a través del juego propuesto, descubrieron coincidencias inesperadas: series que todas veían, colores compartidos en la ropa, números de pie iguales.

La dinámica culminó con un baile improvisado de salsa, símbolo de la alegría que surge cuando se reconocen afinidades. Este inicio marcó el tono: la comunicación no es solo palabras, también gestos, ritmos y complicidades.
Constelar nuestras vidas
Luego llegó la dinámica de las constelaciones. Un reto sui géneris que motivó a pensar en la comunicación en la cotidianidad, convirtiéndose así en un momento de grata intimidad entre las participantes.
Cada mujer recibió una hoja con estrellas y debía señalar aquellas personas que iluminan su vida, indicando la cercanía o lejanía de esos vínculos.

Fue un momento cargado de nostalgia, porque muchas reconocieron que sus “estrellas” estaban lejos.
Sin embargo, también emergió la fortaleza: el espacio de Mujeres de Hoy se convirtió en una constelación compartida, donde la amistad y el apoyo mutuo llenan vacíos y recuerdan que ninguna está sola.
Otro mensaje claro que emergió del encuentro fue la necesidad de crear espacios capaces para repoblar nuestras constelaciones con nuevas estrellas, reflejo de la movilidad y los cambios propios de la vida. Decía en ese momento la coordinadora del proyecto: “nadie es exactamente igual a lo largo del tiempo”; existe una necesidad vital de cambiar.
Dramatizar la vida
La creatividad se desbordó en la dramatización de frases. Una cesta contenía expresiones que debían ser reinterpretadas de distintas maneras.
Entre risas y empatía, las participantes aprendieron a transformar situaciones incómodas en oportunidades de comunicación asertiva.

Se resaltaron valores como la inclusión, la amistad y el respeto. Una reflexión clave giró en torno al “NO”: cómo decirlo sin herir, cómo convertirlo en un mensaje claro y constructivo.
El espacio también permitió hablar de prioridades y estrategias en la cotidianidad.
Se discutió cómo reaccionar ante provocaciones; persuadir desde la calma y no desde la violencia; cómo mantener la paz antes que la razón.
Hubo momento para compartir ideas sobre el lenguaje que usamos y la diferencia entre respuestas reactivas y proactivas.
En un contexto social donde los derechos de las mujeres pueden verse vulnerados, estas herramientas se vuelven vitales para defenderse sin perder la dignidad.
Disfrutar de la experiencia
La ronda final de palabras fue reveladora. “Tranquila”, “feliz”, “escuchada”, “renovada”: así se sintieron las participantes.
Cada término reflejaba que la comunicación no es solo técnica, sino también emoción y bienestar.
El espacio Renacer cumplió su propósito: ofrecer un lugar seguro para aprender, compartir y crecer juntas.
Comunicación en el debate
El encuentro de Mujeres de Hoy dedicado a la comunicación nos recuerda que hablar bien no es un lujo, sino una necesidad social.
En un mundo marcado por tensiones, aprender a escuchar, a decir “no” con respeto, a persuadir desde la empatía y a construir constelaciones de apoyo entre mujeres es una forma de resistencia y esperanza.
La experiencia vivida en el Centro Loyola Reina muestra que la comunicación puede ser un camino hacia la inclusión, la paz y la felicidad compartida.

Hoy, cuando los discursos agresivos y las redes sociales amplifican la confrontación, iniciativas como Renacer abren perspectivas distintas: la posibilidad de elegir la palabra que une, el gesto que acoge, la estrategia que defiende sin destruir. El reto está en llevar estas prácticas más allá del taller, hacia la vida diaria, las familias, los barrios y los espacios públicos.
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