El Centro Loyola Reina, desde su Programa Educativo Convivir, desarrolló un taller intergrupal inspirado en la Fiesta de Todos los Santos. A través del juego, el trabajo en equipo y el encuentro con figuras como San Juan Bosco, Santa Teresa de Calcuta, San José de Calasanz y San Ignacio de Loyola, niños y adolescentes recorrieron un camino para descubrir valores humanos que siguen siendo necesarios en nuestros días.
Hay caminos que no se recorren solamente con los pies. Algunos se transitan jugando, compartiendo, pensando juntos y descubriendo que nuestras acciones pueden hacer la vida de los demás un poco mejor. Así fue Camino de Valores, una experiencia educativa organizada por el Programa Convivir del Centro Loyola Reina, que aprovechó la cercanía de la Fiesta de Todos los Santos, celebrada cada primero de noviembre, para acercar a niños y adolescentes al legado humano de algunas figuras veneradas por la Iglesia católica.

La propuesta tuvo un propósito claro: sensibilizar a niñas, niños y adolescentes sobre la importancia de los valores humanos, tomando como referencia a personas que, desde sus propias circunstancias históricas y sociales, hicieron de la entrega a los demás una manera concreta de vivir.
Más que una actividad para recordar nombres o conocer historias, el taller buscó que los participantes pudieran reconocer esos valores en situaciones cercanas a su propia vida: la alegría, la creatividad, la solidaridad, la empatía, el aprendizaje, la colaboración, el amor y el servicio.
Un camino que comenzó jugando
La jornada comenzó en el patio central del Centro Loyola Reina con una bienvenida y varios juegos dinámicos. El movimiento, las risas y la participación marcaron los primeros momentos de una actividad en la que aprender también significaba compartir y disfrutar.
Un último juego permitió organizar a los participantes en tres equipos, distribuidos de acuerdo con sus edades y etapas educativas: niñas y niños de primer ciclo, estudiantes de segundo ciclo y un grupo de adolescentes y juveniles.
A partir de ese momento, cada equipo inició un recorrido por tres estaciones temáticas. Los grupos fueron rotando por ellas, acompañados por colaboradores que asumieron la tarea de guiar las actividades y facilitar el descubrimiento de los valores propuestos.
La metodología tuvo un carácter participativo. Juegos didácticos y físicos, recursos audiovisuales, luces, imágenes, dibujos, actividades gráficas, pequeños textos y conversatorios ayudaron a acercar las historias de los santos a las distintas edades. También se propusieron dinámicas de trabajo colectivo y situaciones que invitaban a pensar y encontrar soluciones en equipo.
Alegría y creatividad: la inspiración de San Juan Bosco
Una de las estaciones estuvo dedicada a la alegría y la creatividad, tomando como referencia a San Juan Bosco. Su vida y su carisma sirvieron para conversar sobre la importancia de acompañar a niños y jóvenes, reconocer sus capacidades y crear espacios donde puedan crecer mediante la educación, la confianza y la alegría.
A través de las dinámicas, los participantes tuvieron la oportunidad de descubrir que la creatividad no consiste únicamente en realizar algo diferente: también significa buscar soluciones, imaginar posibilidades y poner los propios talentos al servicio de los demás.

La alegría, por su parte, fue presentada como una actitud que puede transformar la convivencia y ayudar a construir relaciones más cercanas y positivas.
Solidaridad y empatía: aprender a mirar al otro
La segunda propuesta temática estuvo inspirada en Santa Teresa de Calcuta y su entrega a las personas más pobres, enfermas y necesitadas. Bajo el nombre de Solidaridad y Empatía, esta estación invitó a reflexionar sobre la importancia de reconocer las necesidades de quienes nos rodean y comprender que todos podemos hacer algo por los demás.

La historia de Teresa de Calcuta permitió acercar a los participantes a una forma de vivir la solidaridad que no se queda en las palabras, sino que se expresa mediante gestos concretos de cuidado, acompañamiento y servicio.

En las actividades y conversaciones se promovió la capacidad de ponerse en el lugar del otro, escuchar y comprender que las pequeñas acciones también pueden marcar una diferencia en la vida de una persona.
Aprendizaje y colaboración: educar para crecer juntos
El recorrido incluyó también una estación dedicada al Aprendizaje y la Colaboración, que tomó como referente a San José de Calasanz, fundador de las Escuelas Pías y promotor de una educación dirigida especialmente a los niños, incluidos aquellos que tenían menos oportunidades.

Su legado permitió conversar sobre el valor de una educación de calidad y sobre la importancia de que todos puedan acceder a oportunidades para aprender y desarrollar sus capacidades.
Mediante juegos y dinámicas grupales, los niños y adolescentes pudieron experimentar que aprender no es una tarea exclusivamente individual. Compartir conocimientos, escuchar diferentes ideas, ayudarse y trabajar juntos son también formas de construir aprendizajes.
Así, la colaboración dejó de ser una palabra para convertirse en una experiencia: cada participante podía aportar algo al grupo y contribuir a alcanzar un objetivo común.
Amar y servir: el corazón de la identidad Loyola
Después de completar las tres estaciones, los equipos continuaron el recorrido por una escalera en la que encontraron diferentes obstáculos. Para avanzar, debían superarlos juntos, sin separarse. La dinámica puso a prueba la coordinación, la comunicación y la disposición de cada integrante para ayudar a los demás.

El desafío tenía un sentido que iba más allá del juego: el camino se hacía posible cuando todos colaboraban y nadie quedaba atrás.
Al final les esperaba la estación general Amar y Servir, un espacio especialmente vinculado con la identidad del Centro Loyola Reina. Allí conocieron por qué el Centro lleva el nombre de Loyola y se acercaron a la vida de San Ignacio de Loyola, cuya espiritualidad y propuesta de servicio forman parte de la inspiración de la institución.
Este último momento permitió conectar el recorrido con la misión educativa del Centro: formar personas capaces de crecer integralmente, reconocer sus talentos y ponerlos al servicio de los demás y de la transformación de sus comunidades.

Educar en valores desde las primeras edades
Camino de Valores fue concebido como un taller intergrupal porque la formación humana necesita tiempo, experiencias y oportunidades para desarrollarse. Los valores no se aprenden únicamente mediante explicaciones: también se descubren cuando se comparte, se coopera, se escucha, se respeta y se busca una solución junto a otras personas.
Por eso, la actividad aprovechó la celebración de Todos los Santos para presentar referentes cuyas vidas estuvieron marcadas por la educación, la creatividad, la solidaridad y el servicio. Cada uno, desde su época y su contexto, ofrece ejemplos que pueden ayudar a niñas, niños y adolescentes a comprender que los valores adquieren sentido cuando se convierten en acciones.
La propuesta guarda una relación estrecha con la misión del Centro Loyola Reina y con el trabajo que desarrolla el Programa Educativo Convivir: acompañar el crecimiento de las nuevas generaciones y contribuir a su formación integral.

Al finalizar el recorrido, quedaba una enseñanza sencilla, pero fundamental: vivir los valores no es una meta que se alcanza de una vez y para siempre. Es un camino que se construye cada día, con nuestras decisiones y con la manera en que nos relacionamos con los demás.
Y ese camino, como descubrieron los participantes durante la jornada, siempre resulta mejor cuando se recorre juntos.
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