Cuando la música no se apaga: una Peña donde el arte pudo más que los obstáculos

Peña de la Orquesta Juvenil Loyola Reina

La tarde prometía música, encuentros y una buena concurrencia. Y no defraudó. Poco a poco, fueron llegando amigos, compañeros, invitados y también niños de CEFAL que participan en otras ramas artísticas o que frecuentan el Centro Loyola Reina. Quizás algunos de ellos miraban aquel escenario con una ilusión propia: la de imaginarse algún día allí, guitarra en mano o compartiendo una canción con los demás.

La Peña de la Orquesta Juvenil Loyola Reina volvía a abrir sus puertas. Como sucede cada mes, aquellos jóvenes que han encontrado en la música un espacio para expresarse regresaban a ese lugar que sienten un poco como casa. Porque en esta familia artística la música no es solamente algo que se interpreta frente a un público: es también una manera de encontrarse, aprender, crecer y compartir.

Sabrina abrió la tarde con música propia

Como ya es costumbre, Sabrina tuvo a su cargo el inicio musical de la jornada con una interpretación de su propia autoría: Indisciplinada. Su presencia sobre el escenario no pasó inadvertida. Con un carisma especial, esta joven cantante consigue conectar con quienes la escuchan y, al mismo tiempo, asumir el papel de presentadora, conduciendo buena parte de la Peña y dando continuidad a cada momento.

Su actuación fue abriendo el camino para que el público entrara en calor y se dejara llevar por una propuesta donde los jóvenes no solo querían interpretar canciones, sino mostrar lo que llevan dentro.

A lo largo de la tarde también llegaron invitados que enriquecieron el encuentro. Piña, un joven trovador, y Yoel, otro de los cantantes participantes, compartieron canciones de su propia autoría. Fue una oportunidad para escuchar composiciones nuevas, acercarse a otras maneras de hacer música y descubrir a artistas jóvenes con deseos de mostrar y compartir su creación.

El público, dispuesto a escuchar, recibió estas propuestas como parte de una tarde en la que la música original y la expresión personal encontraron su espacio.

Canciones que cuentan historias y experiencias

La Orquesta Loyola es mucho más que un grupo de jóvenes reunidos para ensayar e interpretar música. Es una familia artística que crece bajo el acompañamiento del proyecto CEFAL Loyola, la Cátedra para el Emprendimiento y la Formación Artística del Centro Loyola Reina.

En cada Peña, sus integrantes tienen la oportunidad de mostrar parte del camino creativo que recorren juntos. Canciones como Clip en el alma, La nostalgia y Cafuné forman parte de ese repertorio en el que las vivencias personales se transforman en letras, melodías y emociones compartidas.

Detrás de cada interpretación hay un proceso de aprendizaje, búsqueda y experimentación. Algunos llegaron a Loyola con conocimientos musicales previos; otros encontraron allí la posibilidad de comenzar a descubrir sus capacidades. Pero hay algo que los une: el deseo de hacer arte.

Y eso se percibe en la manera en que se escuchan, se acompañan, se animan y celebran mutuamente. La música se convierte así en un ejercicio de confianza, disciplina, trabajo en equipo y expresión personal.

Cuando la electricidad se fue, la música siguió

La tarde también tuvo un momento inesperado. Dos breves interrupciones eléctricas al inicio de la actividad habían anticipado las dificultades que podían presentarse. Finalmente, a mitad de la Peña, el servicio eléctrico volvió a interrumpirse.

La programación tuvo que cambiar. Las integrantes invitadas de danza flamenca no pudieron realizar su presentación y tampoco fue posible proyectar el video de entrevistas de la Banda CEFAL, que estaba previsto como cortina audiovisual en uno de los momentos del encuentro.

Sin embargo, ocurrió algo que merece ser contado.

Los jóvenes no dejaron que aquel imprevisto terminara con la fiesta. Sin amplificación, recurrieron a sus instrumentos acústicos y continuaron tocando. La música siguió llegando al público de otra manera, más cercana, sin los recursos técnicos previstos, pero con la misma disposición de compartir.

Y quienes estaban allí respondieron quedándose, escuchando y acompañando el esfuerzo de los muchachos.

En un contexto donde las dificultades cotidianas pueden limitar tantos espacios de encuentro, aquella respuesta espontánea dejó una imagen significativa: cuando existe voluntad de crear y compartir, siempre pueden encontrarse nuevas maneras de continuar.

El video de entrevistas de la Banda CEFAL, que algunos asistentes esperaban con curiosidad porque conocían su preparación, ya tiene su espacio en el canal de YouTube del Centro Loyola Reina. Aunque no pudo proyectarse durante la Peña, su estreno permite acercarse a las voces y experiencias de estos jóvenes artistas.

Una familia artística que crece con el acompañamiento

Nada de este camino se construye en solitario. El coordinador de CEFAL, Ulises, junto a Denita, forman parte de ese acompañamiento que ayuda a los jóvenes a organizarse, desarrollar sus capacidades y encontrar un entorno donde experimentar, equivocarse y aprender.

La labor educativa del proyecto permite que la música sea también una oportunidad para adquirir responsabilidades, fortalecer la confianza y descubrir el valor de trabajar con otros.

A este acompañamiento se suma el respaldo de las familias, los amigos y las personas que, cada vez con mayor entusiasmo, se acercan a las Peñas. Los niños de otras manifestaciones artísticas que asistieron a esta jornada también representan algo importante: son parte de una comunidad que observa, descubre y encuentra nuevos referentes para sus propias aspiraciones.

Quizás entre quienes estuvieron aquella tarde haya futuros músicos, cantantes o artistas que todavía no han subido a un escenario. Lo importante es que puedan encontrar espacios donde sus inquietudes tengan cabida y donde el arte sea una posibilidad real de crecimiento.

Una tarde para recordar: el arte encuentra su camino

Fue una tarde mágica, no porque todo saliera según lo previsto, sino precisamente porque, a pesar de los contratiempos, los jóvenes consiguieron mantener vivo el sentido de aquel encuentro.

En un mundo donde los espacios sanos para la juventud no siempre son suficientes, la Peña de la Orquesta Juvenil Loyola Reina mostró el valor de ofrecer oportunidades para crear, convivir y expresarse. Allí hubo música, amistad, iniciativa, talento y, sobre todo, muchas ganas de hacer.

Al final, quizás esa sea una de las enseñanzas más bonitas de esta experiencia: el arte no necesita que todas las condiciones sean perfectas para hacerse presente. Necesita personas dispuestas a compartirlo, espacios que lo acompañen y comunidades que sepan recibirlo.

La Orquesta Loyola regresará el próximo mes, como quien vuelve a casa. Y seguramente habrá nuevas canciones, nuevas voces y otros jóvenes dispuestos a descubrir lo que pueden hacer cuando encuentran un lugar donde su creatividad es bienvenida.

Porque aquella tarde quedó demostrado que la electricidad puede interrumpirse, los equipos pueden apagarse y los planes pueden cambiar, pero las ganas de hacer arte no tienen por qué detenerse.

Y mientras haya jóvenes con deseos de crear y una comunidad dispuesta a escucharlos, la música seguirá sonando en Loyola.

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