Acampada de los Centros Loyola en el Jardín Botánico Quinta de los Molinos

Un Encuentro Entre el Conocimiento y la Naturaleza

El pasado sábado 25, la Quinta de los Molinos vibró con las risas, los cantos y la curiosidad de niños, niñas, adolescentes y jóvenes que, junto a sus familias, llegaron desde los tres centros Loyola de La Habana para participar en una jornada inolvidable. Este jardín botánico, ubicado en el corazón de la ciudad, no solo es un refugio de la flora cubana, sino también un espacio donde se entrelazan historia, ciencia y naturaleza.

Una bienvenida llena de magia

La actividad comenzó en la casa principal del jardín, un auténtico museo vivo. Los asistentes se sentaron con prontitud llenos de expectativas y entusiasmo. Guiados por una de las anfitrionas del espacio, un canto-juego unió a todos en una canción infantil que hizo ponerse de pie, en especial, a los más pequeños de la acampada.
A través de adivinanzas, los participantes fueron divididos en cuatro grupos: Sol, Naturaleza, Animales y Plantas. Esta división resultó en una emocionante aventura en la que cada grupo exploraría diferentes facetas de la biodiversidad presente en la Quinta.

Descubriendo el Reino Animal

Uno de los destinos fue la estación dedicada al reino animal. Aquí, los participantes tuvieron la oportunidad de conocer de cerca a las jicoteas y tortugas que habitan en el jardín.
Con asombro, observaron las peculiaridades de estas especies y aprendieron sobre su papel en el ecosistema.

Lo más fascinante llegó cuando utilizaron un microscopio para examinar muestras y buscar parásitos, fomentando así su curiosidad científica y su amor por la investigación.

La Vida Verde del Vivero

Los equipos, indistintamente, también visitaron el vivero de reproducción del jardín. 
Allí, sembraron plantas mientras aprendían a distinguir entre aquellas que son ornamentales y las que tienen propiedades medicinales.
Esta actividad práctica les permitió conectar aún más con la tierra, entendiendo la importancia de cuidar nuestro entorno y la riqueza que ofrece la flora cubana.

Energías Renovables: Un Futuro Sostenible

Otra estación de interés estuvo encaminada a las energías renovables.
Los participantes se sorprendieron al presenciar experimentos que mostraban cómo convertir energía en electricidad, encender bombillas e incluso hacer evaporar agua para cargar un abatería.
Los más de 70 paneles fotovoltaicos que abastecen de energía eléctrica a la institución y a varios hogares circundantes se alzaban como un símbolo de un futuro sostenible.
Aquí también vieron los molinos de viento y un generador hidroeléctrico que pronto será puesto en funcionamiento, resaltando la importancia de la tecnología en la conservación del medio ambiente.

Momento de Juego y Convivencia

Pero no todo fue aprendizaje teórico; hubo tiempo para correr, saltar y jugar.
Jugando en equipo, los niños, niñas, adolescentes y jóvenes transformaron troncos en obstáculos y mesas en cuevas, para luego responder preguntas de conocimiento sobre la naturaleza y sus componentes.
El aplauso colectivo se convirtió en la recompensa más valiosa del día, reconociendo el esfuerzo y la dedicación de todos los participantes en esta travesía de aprendizaje y amistad.

El Encanto del Trencito Eléctrico

Uno de los momentos más especiales de la jornada fue el paseo en el trencito eléctrico de la Quinta de los Molinos.
Guiados por una anfitriona carismática, los participantes recorrieron el vasto espacio del jardín, admirando los árboles centenarios y la icónica vegetación.
Una parada en el mariposario reveló un entorno mágico, donde las mariposas volaban libremente entre las flores, creando un espectáculo natural que pareció sacado de un cuento de hadas.

Desde el tren, los integrantes de los centros loyola de la capital también pudieron apreciar uno de los parques acuáticos más ricos en biodiversidad del país, una verdadera joya que enriquece aún más el patrimonio natural cubano.

Desde el esfuerzo colectivo

El éxito de esta maravillosa experiencia se debe al trabajo en conjunto de colaboradores de los tres centros Loyola, así como al apoyo del equipo directivo y de profesionales como veterinarios, tecnólogos, y agrónomos de la Quinta de los Molinos.
Su dedicación y entusiasmo garantizaron que la jornada fuera no solo organizada, sino también enriquecedora y feliz.

Un día memorable

Esta actividad no fue solo un día de diversión, sino un momento significativo en el que los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, y sus familiares acompañantes pudieron aprender sobre la naturaleza, la ciencia y la importancia de cuidar nuestro planeta.
De regreso a casa llevaron consigo no solo nuevos conocimientos, sino también recuerdos imborrables y, sobre todo, el compromiso de seguir explorando y preservando el mundo que los rodea.

El jardín botánico de la Quinta de los Molinos, con su riqueza histórica y natural, se convirtió en el escenario perfecto para fomentar el amor por la naturaleza y el aprendizaje colectivo.
La jornada dio cierre a un viaje que comenzó con el mundo de los emprendimientos, continuó con actividades prácticas relacionadas con el reciclaje y concluyó con la preservación y conocimiento sobre la Casa Común: el planeta.

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