Una jornada de cuidado, encuentro y solidaridad en la que los colaboradores de los proyectos y sus beneficiarios compartieron mucho más que sus conocimientos.
La mañana de Abrazos del Alma comenzó de una manera un tanto inusual. No hubo necesidad de grandes indicaciones ni de organizar formalmente la llegada: los beneficiarios fueron entrando y, con la naturalidad de quien llega a un lugar familiar, comenzaron a acomodarse en los sillones que ya estaban preparados para los servicios de barbería y manicure.

Y es que, cuando el encuentro se vive en familia, las formalidades pasan a un segundo plano. Lo importante es estar, compartir y sentirse acogido. La alegría de reencontrarse y la confianza entre los participantes marcaron desde el principio una jornada pensada para cuidar, acompañar y disfrutar juntos.
Poco después, la oración marcó el inicio de la jornada. Araileadys Rosa, coordinadora del Programa Educativo, y Glorianna, coordinadora de Proyecto Otoño, acompañaron este momento que invitó a disponer el corazón para una mañana en la que el cuidado, la cercanía y la solidaridad serían protagonistas.

Mujeres de Hoy: aprender también es compartir
Entre los servicios más esperados estuvieron la manicure y la peluquería, ofrecidas por participantes y graduadas del programa Mujeres de Hoy. Desde hace varias ediciones, este proyecto se suma a los voluntariados, convirtiéndolos en una oportunidad para que las alumnas practiquen lo aprendido junto a sus profesoras y, al mismo tiempo, devuelvan gratuitamente parte de aquello que ellas mismas han recibido.

En esta ocasión participaron mujeres de la nueva edición, iniciada en septiembre, junto a graduadas de promociones anteriores. Un encuentro entre aprendizajes nuevos y experiencias acumuladas, donde unas y otras se complementaron para poner sus habilidades al servicio de los demás.
La barbería y el afeitado también contaron con la participación de José y Daniel, colaboradores del Centro Loyola Reina, quienes se integraron al equipo de voluntarios. Daniel, vicedirector del Centro, y José, psicólogo de Casa Común, compartieron con los demás participantes esta experiencia de servicio. De este modo, los distintos talentos y aportes se unieron para ofrecer momentos de cuidado personal y bienestar.

La solidaridad también tuvo forma de jabón. Las participantes del taller de Cosmética Natural elaboraron jabones saludables con aceite de oliva y otros ingredientes de origen natural. Estos productos se utilizaron durante los servicios de afeitado y, además, fueron entregados como donativo a los beneficiarios para que pudieran llevárselos consigo.
Las creadoras de bisutería de Mujeres de Hoy también quisieron aportar su granito de arena, donando algunas de sus elaboraciones. Así, las cuatro áreas del programa —manicure, peluquería, cosmética natural y bisutería— encontraron en Abrazos del Alma una oportunidad para compartir lo aprendido y transformar sus habilidades en gestos concretos de generosidad.

Pero el verdadero valor de la jornada se encontraba también en cómo la vivían quienes recibían estos servicios. Uno de los beneficiarios lo expresó con sencillez y alegría:
«En estos encuentros socializas con las personas y recibes beneficios de pelados, y me siento contento, realmente».
Sus palabras resumen una parte esencial de Abrazos del Alma: no se trata únicamente de recibir un servicio, sino de compartir, conversar y crear vínculos. Arreglarse, disfrutar de la compañía y sentirse parte de un grupo también contribuye al bienestar y hace que cada encuentro tenga un significado especial.

También se ejercita la memoria… y se comparte la alegría
El cuidado de las personas no se limita a lo visible. La mente también necesita atención, estímulo y oportunidades para mantenerse activa.
Por eso, los colaboradores del Centro Loyola Reina se sumaron a la jornada desde distintas áreas. Los psicólogos Marta Valeria y Araileadys acompañaron una actividad de estimulación cognitiva que invitó a los participantes a recordar y completar frases populares.

La dinámica despertó la memoria, la atención y más de una sonrisa. Quienes acertaban podían llevarse algunos de los presentes elaborados por Mujeres de Hoy, entre ellos jabones y piezas de bisutería. De esta manera, el juego se convirtió también en una ocasión para celebrar los conocimientos, compartir y disfrutar juntos.
Los beneficiarios participaron con entusiasmo, encontrando en esta actividad una oportunidad para conversar, recordar y relacionarse en un ambiente cercano. La alegría de acertar, recibir un detalle y compartir con los demás hizo que el ejercicio se viviera como un momento de encuentro y celebración.

La cultura y el bienestar también tienen un lugar
La mañana reservó otros espacios para descubrir, aprender y disfrutar. El proyecto cultural Mayura, dedicado a promover la cultura de la India, ofreció una presentación de danza con la participación de colaboradores de Incuba Empresas, acercando a los presentes a una expresión artística de otra tradición cultural.

Por su parte, Proyecto Otoño invitó a la Alianza Cubana de Instructores de Kundalini Yoga (ACIKY) a compartir sus conocimientos y propuestas de relajación. Algunos beneficiarios se acercaron con curiosidad a esta experiencia y tuvieron la oportunidad de conocer un espacio diferente, dedicado a la atención personal y al bienestar.

Así, entre cuidados personales, juegos de memoria, regalos, danza y relajación, la jornada fue reuniendo distintas maneras de acompañar y hacer sentir bien a quienes participaron. Cada propuesta abrió una oportunidad para salir de la rutina, descubrir algo nuevo y disfrutar de la compañía de los demás.
La gratitud de quien se siente acogido
Al escuchar a los beneficiarios, se comprende que el valor de estos encuentros va mucho más allá de las actividades realizadas. En sus palabras aparecen el agradecimiento, la confianza y la importancia de contar con personas y espacios donde sentirse recibidos.
Uno de ellos quiso expresar su gratitud con estas palabras:
«Le agradezco al Centro Loyola y a la parroquia la acogida que me dan y todas las ayudas que recibimos».
Este agradecimiento pone rostro y voz al sentido de Abrazos del Alma. Detrás de cada servicio, cada regalo y cada actividad hay una voluntad de acompañar; pero también hay algo que no siempre se ve a primera vista: la importancia de sentirse acogido, reconocido y parte de una comunidad.

Cuando cada persona aporta, el abrazo se hace más grande
Abrazos del Alma volvió a mostrar que una jornada solidaria se construye con muchos gestos: unas manos que cuidan, unas palabras que animan, una actividad que despierta recuerdos, una danza que sorprende o un espacio de relajación que invita a detenerse y respirar.

Detrás de cada servicio hubo aprendizajes puestos en práctica; detrás de cada donativo, tiempo y dedicación; y detrás de cada colaboración, la voluntad de hacer que otras personas se sintieran acogidas.

Mujeres de Hoy, Proyecto Otoño, Incuba Empresas, Mayura, ACIKY y los trabajadores y colaboradores del Centro Loyola Reina confluyeron en una misma experiencia: compartir lo que cada uno sabe y puede ofrecer para construir una comunidad más cercana.
Porque, al final, Abrazos del Alma es mucho más que una jornada de servicios gratuitos. Es un encuentro donde el cuidado se convierte en vínculo, el aprendizaje se transforma en generosidad y cada persona tiene algo valioso que aportar.

Y quizá esa sea la huella más hermosa de esta jornada: descubrir que, cuando alguien ofrece su tiempo y sus talentos, no solo está ayudando a otra persona; también está construyendo fraternidad. Y cuando quienes reciben ese gesto responden con una sonrisa, una conversación o una palabra de agradecimiento, el abrazo se vuelve mutuo.
Porque en Abrazos del Alma, todos tienen algo que dar y todos tienen algo que recibir.
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