El programa Abrazos del Alma Centro Loyola Reina volvió a llenar de vida, sonrisas y esperanza los espacios comunitarios el pasado miércoles 25 de febrero. En esta ocasión, el Centro se convirtió en un punto de encuentro donde el amor y la amistad se transformaron en servicio, cuidado y ternura compartida. Con la participación de colaboradores, beneficiarios y voluntarios, esta jornada especial reafirmó que cuando la fe y la solidaridad se unen, el resultado es siempre una historia de transformación.

Desde temprano, los miembros del Centro Loyola Reina se reunieron para celebrar junto a quienes más lo necesitan: personas en situación de calle, adultos mayores que viven solos y personas con discapacidad. “Compartir cariño, compañía y esperanza” fue la consigna que guió cada momento de la actividad organizada dentro del programa Abrazos del Alma Centro Loyola Reina, que cada mes abre sus puertas al encuentro fraterno.
Un inicio espiritual que enciende el corazón
La jornada comenzó con un momento espiritual animado por Araileadys-Rosabal (Coordinadora del Programa Educativo) Ary como todos la conocemos, quien invitó a los presentes a dar gracias al Señor por los dones del amor y la amistad. A través de una oración participativa, se logró crear un ambiente de recogimiento y cercanía donde todos se sintieron parte de una misma familia. Fue un momento cálido y cargado de sentido, que preparó el espíritu para la vivencia comunitaria que vendría después.

Entre plegarias y cantos, se recordó que el amor es acción concreta, un reflejo del Evangelio vivido en comunidad. Así dio inicio una mañana donde las manos se ofrecieron con generosidad y los corazones se abrieron al servicio.
Estaciones que inspiran amor y servicio
Durante más de una hora y media, los participantes rotaron por distintas estaciones preparadas por el equipo del programa Abrazos del Alma Centro Loyola Reina, cada una pensada para atender, acompañar y alegrar a los invitados especiales de la jornada.
En la Estación 1, dedicada a los servicios de cuidado y acompañamiento, el ambiente se llenó de sonrisas. Las voluntarias del programa Mujeres de Hoy, formadas en el propio Centro Loyola Reina, ofrecieron cortes de cabello, barbería, manicura y pedicura. Más que un cambio de imagen, estas acciones significaron cuidado y reconocimiento. “Aquí nos tratan como familia”, compartió uno de los asistentes, feliz al verse reflejado en el espejo con nuevo ánimo.


La Estación 2 ofreció un espacio de dinámicas participativas y recreativas, donde juegos de estimulación cognitiva reforzaron la memoria, la alegría y la interacción social. Los equipos se formaron de manera espontánea, generando risas, aplausos y momentos de sana competencia que unieron a todos en un mismo espíritu festivo.
En la Estación 3, el turno fue para las manualidades, un rincón creativo donde se elaboraron tarjetas, adornos y recuerdos llenos de color. Allí, el arte se convirtió en un vehículo para expresar afecto y gratitud, recordando que los pequeños gestos son los que dejan huellas profundas.

Como novedad especial, la Estación 4 presentó una experiencia de Yoga en silla, una actividad orientada al bienestar físico y emocional. Adaptada a las posibilidades de movilidad de cada participante, esta práctica permitió reconectar cuerpo, mente y espíritu. Fue un momento sereno, guiado por voluntarios especialistas que invitaron a respirar, relajarse y agradecer el simple hecho de estar vivos.

Comunidad que abraza y transforma
El espacio de Abrazos del Alma Centro Loyola Reina se realiza cada tercer miércoles del mes en el comedor parroquial, con el apoyo constante de los programas Sentir y Otoño. En fechas especiales, como la pasada Navidad o esta reciente jornada de Amor y Amistad, se suman también miembros de la Red Ecuménica Fe por Cuba, así como emprendimientos que pertenecen a la comunidad De Todo un Team, junto a numerosos colaboradores y donantes del Centro Loyola.


En esta ocasión, la solidaridad se expresó en la entrega de ropa, artículos de higiene y productos básicos que beneficiaron a más de 60 personas vulnerables. Quienes participaron coincidieron en que fue una jornada cargada de significado, en la que todos, voluntarios y beneficiarios, recibieron algo valioso: un abrazo sincero y la certeza de que siguen siendo amados.
Amor que deja huella
Entre risas, miradas agradecidas y el poema leído durante la celebración, el mensaje fue claro: el amor no se guarda, se comparte. Cada encuentro del programa Abrazos del Alma Centro Loyola Reina confirma que la solidaridad tiene rostro, voz y manos; que la amistad es más fuerte cuando se ofrece sin condiciones; y que servir con alegría es una manera de hacer presente el amor de Dios en el mundo.
Este 25 de febrero, el Centro Loyola Reina volvió a demostrar que la fe puede convertirse en acción concreta, que una comunidad unida puede transformar vidas y que cada persona, sin importar su historia, merece atención, respeto y ternura.

Porque cuando el servicio se hace con amor, Dios sonríe en los rostros de quienes se encuentran.
Hoy, más que nunca, el llamado sigue vivo:
💖 Haz que tus Abrazos del Alma lleguen a quienes esperan un gesto de solidaridad.
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