Sentir Loyola: profundo encuentro sobre el amor
El espacio Sentir Loyola volvió a cobrar vida este miércoles 12 de febrero en el Centro Loyola Reina, con una edición dedicada a celebrar el Día del Amor y la Amistad desde la profundidad de las experiencias personales y comunitarias. En esta ocasión, el énfasis estuvo en describir, sentir y compartir los distintos rostros del amor que atraviesan la vida cotidiana de quienes forman parte del centro.

Un espacio íntimo de encuentro
El Centro Loyola Reina abrió nuevamente las puertas de su tradicional espacio Sentir Loyola, un encuentro mensual dedicado a colaboradores y trabajadores del centro, que tuvo lugar en la Biblioteca Dulce María Loynaz de la institución. Fiel a su esencia, la jornada se caracterizó por la confidencialidad, la privacidad y el compartir sincero, creando un ambiente seguro para hablar desde el corazón. El motivo fue especial: celebrar el Día del Amor y la Amistad, también conocido como San Valentín, desde múltiples miradas y experiencias.
Dibujar los diferentes rostros del amor

La dinámica central invitó a los participantes, organizados en equipos, a plasmar en tarjetas su visión sobre los distintos tipos de amor, dando forma visual y escrita a sentimientos que a veces cuesta poner en palabras.
Amor en pareja: Representado con la frase “amar es mirar juntos en la misma dirección”, recordando que este vínculo necesita ser reconfigurado tantas veces como la vida lo demande, incluso frente a la distancia y las dificultades.
Amor a la familia: Asociado a valores como apoyo, felicidad y lealtad. La familia fue entendida no solo como la de sangre, sino también como vecinos, amigos y compañeros que se convierten en hogar.
Amor a la amistad: El equipo lo resumió en la consigna “quien tiene un amigo, ese es rico de veras”. Palabras como solidaridad, acompañamiento y tolerancia reflejaron la riqueza de este lazo que nace desde la niñez y se cultiva con el tiempo.
Amor al trabajo: Cargado de simbolismo, se dibujó como una montaña y un puente que permite que el sol salga para quienes participan en los talleres del centro; una metáfora de esperanza y resiliencia frente a la lejanía y las dificultades.
Amor a Cuba: Descrito como un amor incondicional a la tierra, las raíces y la identidad; un sentimiento que hoy se vive entre la fortaleza y el dolor de la situación actual del país.
Amor al prójimo: Entendido como la capacidad de comprender la historia de cada persona, respetar sus límites y acompañar con compasión los procesos ajenos.
Otros equipos también evocaron el amor a la naturaleza, a los animales y a Dios, recordando que la espiritualidad y el entorno forman parte esencial de la vida y del horizonte de sentido que impulsa el espacio Sentir Loyola.
Un puente de esperanza
Las reflexiones compartidas coincidieron en que el trabajo del Centro Loyola Reina es un auténtico puente de esperanza. Amar lo que se hace, y que ese esfuerzo se traduzca en bienestar para otros, apareció como una idea recurrente. El amor, en todas sus formas, se mostró como fuerza transformadora capaz de iluminar incluso los contextos más difíciles y de sostener a las personas en medio de la incertidumbre. En este Sentir Loyola, el amor se reconoció como una decisión diaria y un compromiso con la vida y con los demás.


Fiesta de poesía, música y regalos
La jornada concluyó con un ambiente festivo: hubo cantos, bailes, declamaciones de poemas y un sorteo con pequeños regalos que hicieron sonreír a los presentes. Fue un recordatorio de que el amor y la amistad no solo se piensan o se dibujan, sino que también se viven en comunidad, celebrando la belleza de estar juntos. El Sentir Loyola de febrero mostró la diversidad del amor y su profunda necesidad: desde la pareja hasta la patria, desde la amistad hasta el trabajo, cada forma de amar construye identidad y esperanza, y hace del Centro Loyola Reina un lugar donde siempre hay espacio para sentir, compartir y seguir tejiendo vínculos.

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